domingo, marzo 19, 2006

VERGÜENZA


Tal vez el título del post pueda ser promisorio, pero lo que voy a contar además de simple es un poco ordinario.
Verguenza he sentido muchas veces y por las más variadas razones, algunas de relevancia otras sin importancia, sin embargo, la verguenza pasa por algo más grave que ponerse colorado o dar explicaciones sin fundamento, a veces la verguenza se queda para siempre alojada en lo más sensible de nuestros recuerdos indeseables.
La peor verguenza de mi vida (ojo que he pasado mucha, pero mucha verguenza), fue hace muy poco.
Se trató de una de esas verguenzas propias o, mejor dicho, verguenza por hecho propio, aunque en estricto rigor no fue mi culpa, totalmente.
Ahí va:

Desde final del año pasado mi señora se fue al sur a ver a sus papás, a trabajar y, por que no, a descansar. Por esta razón debí viajar constantemente los fines de semana para pasar la pascua, el año nuevo y, después simplemente para estar un rato en el campo o la playa.
Si no contaba con el beneplácito de mi jefe para tomarme uno o dos días, generalmente viajaba los días viernes, después de la pega y regresaba el domingo, después de la siesta.
Elegir el medio de transporte fue complicado, porque hoy la oferta es harta. Aunque siempre me gustó viajar en tren demasiado lento y todo, finalmente me decidí por el bus. esos que salen de Santiago entre las once y las doce de la noche, para llegar a destino temprano en la mañana, generalmente a las siete u ocho .
El horario me incomoda sobremanera, básicamente por un tema intestinal, me explico: Desde que recuerdo, mi sistema digestivo funciona en forma sincronizada, o sea, siempre o casi siempre al despertar o unos cinco minutos después de abrir los ojos, religiosamente siento ese llamado incontenible. Generalmente esto pasa como a las siete de la mañana y es frecuente que sea violento, con un aviso previo de medio minuto, consistente en un fuerte retorcijón de guata, en lenguaje castizo. El tiempo aquí es importante, porque de no existir un toillet a mano las consecuencias son tan lamentables como inevitables.
Creo que a esta altura no puedo esconder más el motivo de mi más profunda y reciente verguenza.
Sucedió llegando a Santiago, ya lo preveía sin duda, incluso antes de embarcar al bus pasaron por mi mente ideas ridículas como llevar papel y también una bolsa de plástico, o varias bolsas(pensando en que tal vez el baño de la máquina no iba a soportar la contendencia), para luego arrojar la bolsa y su contenido a la carretera... y si no había ventana en el baño? En fin, ideas absurdas ademàs de incivilizadas.

Alguien ha visto los baños de los buses? Por que no quise ni siquiera entrar.
Hice lo humanamente imposible por contenerme, menos mal que el asiento del lado estaba desocupado, en fin... pasó.
Al llegar a la estación esperé que todos los pasajeros bajaran del bus y cuando ya no había nadie reclamando su equipaje y pude ver que mi maleta estaba en la acera corrí, la tome y me metí a un taxi mientras un sujeto me gritaba que le devolviera el boleto del equipaje... deben haber pensado que me estaba robando la maleta. En el taxi no tuve otra que contarle al conductor, pues era evidente, la "carrera" fue eterna mientras en reiteradas ocasiones el chofer me dijo "sientese de ladito amigo, no me vaya a manchar el asiento".
Al llegar a casa mi ego era inexistente y tuve que sacrificar un buen y leal calzoncillo que me habìa acompañado por años.

Prefiero pensar que no soy tonto y buscando el porque pasa este tipo de cosas horrorosas, generalmente no hay respuesta, que la dieta, el traguito, el estilo de vida... bull shit.
Parece estar predeterminado, si puede pasar, tarde o temprano va a suceder (creo que esto lo dijo alguièn antes...).

En todo caso me consuela saber que no he sido el único, aunque se niegue hasta la muerte.

Para mayor información ver http:/www.wenceslao.com.mx/literatura/escatologico.htm.


Web Site Counter